El desastre de Mila empezó siendo algo que no fue. Pero como todo caos, tiende a reaparecer y apropiarse de espacios. No pretendo que este pequeño lugarcito virtual, que existe y al mismo tiempo me excede, sea nada más que mí yo caótica. O al menos, la expresión última de este enredo.
Tampoco espero que alguien se detenga demasiado en sus líneas, lo cual contradice de forma directa con la idea de un blog.
Solamente deseo decir lo que quiero al aire y superar mis miedos eternos de no ser lo que siempre quise ser. Capaz no se entienda del todo, pero por el momento, está bien así para mí.
Escribo todo esto desde el hospital, una vez más. En un año de merd, como creo que fue para todxs el bloque 2020/2021, perdí a mi abuela, a mi padre y ahora mi madre está en observación por un ACV. En este momento duerme y ronca prufusamente. Yo estoy sentada a su lado, con un libro sobre mis piernas, un libro que aún no abrí, y escribo. Capaz por la necesidad de sacar lo que tengo dentro. Capaz por la imposibilidad de expresar eso que siento. Y es tan simple. Es tan una mierda.
Anoche cuando me llamó mi hermana para avisarme, no podía creer que ahora le tocará a ella, a mi madre, pasar por la experiencia nada agradable de dormir en una clínica, visitada por personas extrañas que la examinan y que poco dicen. Dónde el día y la noche no existen, pero donde siempre se busca despertar.
Comentarios
Publicar un comentario