La espera termina. El retorno de Gilead.






Después de 35 años de una ansiada espera, Margaret Atwood vuelve a la vida la República de Gilead y con esta las experiencias de 3 mujeres muy distintas cuyos destinos se entrecruzarán de la forma más inesperada. 
El retorno de Atwood con esta historia, es una deuda para todos aquellos que sintieron un vacío al término de “El cuento de la criada”, ya que con esta segunda entrega, se logra cerrar un círculo y entender más sobre este lugar que bien podría verse en una historia de terror. El fanatismo religioso, la opresión social y la presencia de una gran paradoja que lleva a la creencia de vivir en una esfera de supuesta felicidad y tranquilidad, pero en la que al mismo tiempo convive con una extrema violencia, hace que esta historia se torne exasperante en ciertos momentos. 
La aceptación como forma de supervivencia, es una idea que se mantiene a lo largo de la historia. Esta es digerida y manifestada de distintas maneras por cada uno de los personajes a fin de hacer más llevadera una vida que no se eligió, sin embargo, logra verse que a pesar del adoctrinamiento más feroz, existe la independencia de pensamiento.
Esta obra no defrauda para nada, las intrigas y el zigzagueo serpenteante de las situaciones por las que atraviesan los protagonistas, generan la adicción más profunda a sus páginas y a la historia. A diferencia de su precedente, no se centra en la vida de las criadas, sino que explora las mentalidades de otros sectores de esta sociedad, marcada por una aparente calma y aceptación. 
En una entrevista realizada por el diario El País a la autora, manifiesta que en un principio no sabía cómo darle continuación a la historia de Defread, secuela tan solicitada por sus seguidores, no obstante se dió cuenta que podía usar otras voces y en ello se centró en la de Tía Lydia, la Thomas Cromwell de este universo dicho por la misma autora. Al igual que este estadista británico del siglo XV, se posicionó en la cima del poder detrás del poder, tejiendo en la oscuridad los hilos que manejaban la sociedad.
Margaret Atwood lo ha hecho de nuevo. Los Testamentos es sin duda una gran obra que perdurará y se constituirá como un clásico de la literatura de este género. 

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